El tapón de corcho, alternativa para contribuir a reducir la huella de carbono de la bodega

En estos tiempos de crecientes catástrofes naturales atribuidas al temible cambio climático resulta acuciante tomar medidas para mitigarlo y limitar sus dramáticos e imprevisibles efectos. Un calentamiento global del planeta patente también en los cambios que está experimentando el cultivo del viñedo. La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero constituye una de las principales batallas y para ello la industria, presionada en gran medida a nivel legislativo, juega un papel fundamental. También la vitivinícola, concienciada cada vez más con la aplicación de políticas medioambientalmente responsables.

Las bodegas no son ajenas a la necesidad de reducir la huella de carbono y, dentro de esta tendencia, cuenta cada paso que se da en todo el proceso de elaboración. Se estima que cada botella de vino producida genera entre 1,2 y 1,5 kilos de CO2 que son emitidos a la atmósfera.

En cuanto al sistema de cierre de la botella, el tapón de corcho se presenta, frente a otras opciones, como la alternativa más sostenible y medioambientalmente más recomendable. Las bodegas que los utilizan para preservar sus vinos y espumosos reducen el balance de CO2 de sus botellas.

Los resultados de un estudio realizado hace ya una década por la firma independiente PricewaterhouseCooopers/Ecobilan bajo el título “Evaluación del impacto medioambiental de los tapones de corcho frente a los cierres de aluminio y plástico” ponían de manifiesto que las emisiones de dióxido de carbono asociadas a los tapones de corcho son significativamente menores que las relacionadas con los tapones de rosca de aluminio y los tapones sintéticos. Un tapón de plástico emite 10 veces más CO2 que uno de corcho y las provocadas por el cierre metálico son incluso 24 veces superiores.

El estudio, recogido en el Informe Anual 2009 de la Asociación Portuguesa del Corcho (APCOR), refleja que las emisiones por cada 1.000 tapones ascienden a 1.437 gramos de CO2 en el caso del corcho, se elevan a 14.776 si hablamos de plástico, disparándose hasta 37.161 gramos si la materia prima es el aluminio.

Este estudio abarcó el análisis de siete indicadores clave: la emisión de gases de efecto invernadero; el consumo de energías no renovables; el consumo de agua; la aportación a la acidificación de la atmósfera; la contribución al deterioro de la capa de ozono; la contribución a la eutrofización y la producción de residuos sólidos. Los tapones de corcho se consideraron la mejor alternativa en seis de los indicadores, así como la segunda clasificada, tras los tapones de aluminio, respecto al consumo de agua.

De hecho, el tapón de corcho es el único método de cierre que cuenta con una huella de carbono positiva y contribuye a la retención de CO2 de la atmósfera. El citado estudio considera que cada tapón de corcho de 45x24 fija 6,4 gramos de dióxido de carbono correspondiente al carbono incorporado en cada tapón por la fotosíntesis. Según datos de AECORK (Asociación de Empresarios de Cataluña), un tapón de corcho natural, tomado en conjunto con el alcornocal del que depende, captura 112 g de CO2 por unidad.

 

NATURAL, ECOLÓGICO, RECICLABLE Y BIODEGRADABLE

Frente a sus competidores, el corcho es un producto medioambientalmente sostenible que contribuye a la conservación del planeta: natural, orgánico, ecológico, reciclable, reutilizable y biodegradable.

Tal y como destaca Iniciativa CORK, agrupación de asociaciones e instituciones del sector del corcho en España, el tapón de corcho es un material natural renovable. Se obtiene de la corteza del alcornoque, que no se tala ya que ésta se regenera tras la extracción. Durante la saca, el árbol no sufre ningún daño y los bosques de alcornocales reportan múltiples beneficios medioambientales. El ciclo se completa con el reciclaje de los tapones. El granulado obtenido tras triturarlos se emplea para fabricar productos de corcho no destinados a la alimentación, como materiales para la construcción (revestimientos de suelos o paredes), suelas de zapato, boyas de pesca… o para la creación de objetos de uso doméstico y artístico. Y si no, siempre se puede optar por reutilizarlos para realizar imaginativas creaciones en el infinito mundo de las manualidades.

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